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domingo, 24 de mayo de 2015

NOTICIAS Y ARTÍCULOS DE OPINIÓN DE INTERÉS PARA LOS PADRES Y MADRES

Boletines de Colaboración con la familia. Origen IES Mar de Poniente

Boletines Colaboración para la familia del Plan de Orientación y Acción Tutorial del instituto. 

* Colaboración nº 20. Las normas de educación en el uso de internet y de las redes sociales.
* Colaboración nº 19. Fin del trimestre. Compromisos educativos. Consumo responsable.
* Colaboración nº 18. Alimentación saludable.
* Colaboración nº 17. Ocio y tiempo libre.
* Colaboración nº 16. Adolescentes, Reyes Magos y teléfonos inteligentes.
* Colaboración nº 15. El Currículum del Hogar.
* Colaboración nº 14. ¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos/as en los estudios?
* Colaboración nº 13. Con la salud no se juega. Lectura. Abuso de internet.
* Colaboración nº 12. La obediencia y la disciplina, medios para conseguir un fin. 
* Colaboración nº 11. Gripe A. Hábito de estudio. Agenda Escolar.
* Colaboración nº 10. El aprendizaje de la responsabilidad y el papel de la familia.
* Colaboración nº 9. La importancia del trabajo diario, como desarrollar el valor del esfuerzo.
* Colaboración nº 8. Los compromisos educativos. El desayuno.
* Colaboración nº 7. La Agenda Escolar. Manual de uso.
* Colaboración nº 6. Elogio de la lectura.
* Colaboración nº 5. Los jóvenes e internet.
* Colaboración nº 4. La educación en valores humanos y cívicos: una tarea compartida.
* Colaboración nº 3. Ayuda a los hijos/as en los estudios. El absentismo escolar.
* Colaboración nº 2. Suspensos y vacaciones. La comunicación en la familia.
* Colaboración nº 1. La Agenda Escolar. Buenos hábitos.

viernes, 31 de octubre de 2014

EL APRENDIZAJE DE LA RESPONSABILIDAD Y EL PAPEL DE LA FAMILIA


       
¿Qué es la responsabilidad?

En muchas ocasiones oímos que tal o cual persona no es responsable, incluso escuchamos que los jóvenes son poco o nada responsables. Se dice que alguien no es responsable cuando no cumple o se le olvidan sus obligaciones, cuando tiene comportamientos arriesgados, cuando no asume las consecuencias de su conducta y le echa la culpa de lo que hace a otras personas. Es claro que uno de los objetivos de la educación familiar y escolar es conseguir que los hijos y estudiantes sean personas responsables y que se comporten con arreglo a esta cualidad. Vamos a comenzar tratando de definir qué es la responsabilidad a través de una serie de categorías o niveles que nos faciliten su enseñanza.
La responsabilidad es un valor que tiene varios niveles de significación:
·        Es una cualidad propia de una persona cuidadosa y atenta en lo que hace o decide.
·        Está relacionada con el respeto a los derechos y sentimientos de los demás.
·        Es propia de alguien que ayuda a los demás.
·        Es propia de una persona que actúa con autonomía y libertad.
·        Una persona responsable reconoce y acepta las consecuencias de un hecho realizado libremente.

¿Cómo se aprende a ser responsables?

Esta cualidad o valor, con la que no se nace, tiene que ser un objetivo fundamental a conseguir con los adolescentes y jóvenes principalmente en el ámbito familiar y, también, en el escolar. Se trata, por consiguiente, de crear un ambiente en la casa y en la escuela que les enseñe a decidir de forma adecuada, teniendo en cuenta diferentes alternativas y valorando con antelación las consecuencias de sus decisiones; de hacerles conscientes de la existencia de los demás y de sus necesidades; de conseguir que sean atentos y cuidadosos en lo que hacen; y, por último, a sentirse responsables de lo que hacen.
Esta cualidad no se consigue de forma instantánea al cumplir una edad, sino que se adquiere de forma progresiva a través de un proceso. Se comienza como un juego imitando a los padres y poco a poco se van adquiriendo mayores responsabilidades. No podemos pedirle a un chico o a una chica que sean responsables porque ya tienen edad si desde pequeños no hemos ido dándoles responsabilidades y haciéndoles ver las consecuencias de sus actos. Son los padres los que administran no sólo los derechos sino

también las responsabilidades de los hijos: “Has cumplido un año más y te vamos a ampliar el tiempo para salir, pero tendrás también que sacar la basura...”.
El papel de los padres consistirá en establecer las normas y obligaciones de los hijos; animarles y ayudarles a cumplirlas; reconocer y valorar sus aciertos; y establecer consecuencias negativas (castigos) si no las cumplen. No es aconsejable que los padres hagan las cosas por los hijos o hijas porque no saben hacerlas mejor o porque les da lástima; exigir el cumplimiento de las obligaciones hoy sí y mañana no; recordarles continuamente lo que tienen que hacer; o que incumplan sus obligaciones y que no pase nada. Por consiguiente, las responsabilidades han de estar claras y el comportamiento de los padres ha de ser coherente.

¿Qué responsabilidades u obligaciones son propias de los adolescentes?

Las obligaciones de los adolescentes estarán relacionadas con los horarios de entrar y salir; con el uso de la televisión, el ordenador; con el estudio en casa y con la asistencia al instituto; y con la colaboración en las tareas del hogar; entre otras. No existen responsabilidades diferentes para chicos o para chicas. Es importante que ambos aprendan a colaborar en las tareas del hogar: a poner y recoger la mesa, a lavar los platos, a hacer de comer, a limpiar la casa, a poner la lavadora, a tender... El aprendizaje de estas actividades dependerá de la edad, pero no tienen por qué estar asociadas a ser hombre o mujer.
Es recomendable poner por escrito las obligaciones de los diferentes miembros de la familia en un lugar bien visible para que sirva de recordatorio a todos. Tienen que estar bien explicadas para que no haya dudas sobre quién, cómo o cuándo hay que realizarlas. Hay que establecer también las consecuencias positivas y negativas que tendrá el cumplimiento o incumplimiento de las responsabilidades.

Finalmente, los padres tienen que dar a sus hijos e hijas la oportunidad de ser responsables dejando que tomen decisiones ajustadas a su edad. Conforme avancen en este camino van a adquirir mayor confianza en sí mismos y esto les animará en su proceso de hacerse personas responsables.

DECÁLOGO PARA HACER UN DELINCUENTE




Emilio Calatayud, el famoso juez de menores de Granada ha enunciado un decálogo de medidas contrarias a la educación de los hijos e hijas y que, en base a su experiencia, pueden llevar a un chico o chica a ser un delincuente:
1. Dadle (a los hijos o hijas) todo cuanto desee: así crecerá convencido de que el mundo entero le debe todo.
2. Reídle todas sus groserías, tonterías y salidas de tono: así crecerá convencido de que es muy gracioso y no entenderá cuando en el colegio le llamen la atención por los mismos hechos.
3. No le deis ninguna formación en valores: ¡ya los escogerá él cuando sea mayor!
4. Nunca le digáis que lo que hace está mal: podría adquirir complejos de culpabilidad y vivir frustrado; primero creerá que le tienen manía y más tarde se convencerá de que la culpa es de la sociedad.
5. Recoged todo lo que vaya dejando tirado: así crecerá pensando que todo el mundo está a su servicio; su madre la primera.
6. Dejadle ver y leer todo: limpiad con detergente, que desinfecta, la vajilla en la que come, pero dejad que su espíritu se recree con cualquier porquería. Pronto dejará de tener criterio recto.
7. Padre y madre discutid delante de él: así se irá acostumbrando, y cuando la familia esté ya destrozada lo encontrará de lo más normal, no se dará ni cuenta.
8. Dadle todo el dinero que quiera: así crecerá pensando que para disponer de dinero no hace falta trabajar, basta con pedir.
9. Que todos sus deseos estén satisfechos al instante: comer, beber, divertirse…, ¡de otro modo podría acabar siendo un frustrado!
10. Dadle siempre la razón: son los profesores, la gente, las leyes… quiénes la tienen tomada con él.
“Y cuando su hijo sea ya un delincuente, proclamad que nunca pudisteis hacer nada por él”. 

LA IMPORTANCIA DEL TRABAJO DIARIO, CÓMO DESARROLLAR EL VALOR DEL ESFUERZO.


El esfuerzo es un valor que se aprende



Algunos padres y madres hacen pública su frustración cuando sus hijos no quieren estudiar y la expresan con frases como estas: “Le digo que se ponga a estudiar y no quiere”, “No quiere venir al instituto”, “Es que no le gusta estudiar”, “No le quiero exigir, la vida está muy mala…”, etc. Inmediatamente realizan la pregunta del millón: “¿Qué podemos hacer?” Desde nuestro punto de vista, es fundamental que cada familia y la sociedad en general reflexionemos sobre lo que se les debe pedir a los adolescentes y jóvenes cuando están en edad escolar. ¿Estamos pidiendo demasiado a los jóvenes o los estamos sobreprotegiendo en exceso? La respuesta a esta pregunta se puede realizar desde la particularidad de cada familia, aunque también podemos hacerlo desde un punto de vista general. En el instituto nos preocupa cada vez más la actitud que muchos chicos y chicas tienen de rechazo al trabajo diario no asumiendo las responsabilidades derivadas de su condición de estudiantes.
Si echamos un vistazo atrás estaremos de acuerdo que en generaciones anteriores la adolescencia finalizaba rápidamente, para muchos a los 12 ó 14 años o antes, edad en la que comenzaban su trayectoria laboral. Ahora la adolescencia, como etapa en la que el individuo no ha asumido responsabilidades como un adulto, se extiende algo más allá de la treintena. ¿Qué debemos exigirles a los jóvenes que hagan durante este tiempo de transición hacia la vida adulta? La sociedad tiene establecido ese tiempo como un periodo de formación para que nuestros jóvenes se preparen para desempeñar una profesión, para ser buenos ciudadanos y para tener cultura. Desde nuestro punto de vista, exigir esto a nuestros jóvenes no solamente es bueno sino que es lo mejor que podemos hacer por ellos. Si no se hace así, corremos el riesgo de que desperdicien esa oportunidad y, tal vez, no encuentren otra en el futuro. Por consiguiente, lo mejor que los padres y madres pueden hacer por sus hijos e hijas en edad escolar es exigirles que se esfuercen en el estudio y que consigan la mayor preparación posible.
Es verdad que en la sociedad en la que vivimos se produce un fenómeno contradictorio respecto a la valoración del esfuerzo. Nos bombardean continuamente con publicidad que valora la facilidad para consumir y para obtener más productos, desde comprar un coche, sacarse el graduado, ganar dinero, aprender inglés, etc., todo se puede conseguir   fácilmente.
 Desde la óptica de la sociedad de consumo, el conseguir las cosas con esfuerzo es algo reservado para los tontos que no saben aprovechar las facilidades que el mercado les proporciona. Estos ejemplos perjudican una valoración social positiva del trabajo y del esfuerzo, aunque en el mundo real sepamos que tanta facilidad es un espejismo falso. Los padres y madres conocen el esfuerzo que cuesta salir adelante día tras día y el valor que el trabajo y la preparación tienen para tener una vida mejor.
El esfuerzo no es un “don” con el que se nace sino que es un valor o una actitud que se aprende. Y este aprendizaje se realiza fundamentalmente –aunque no solo- en el ámbito familiar y desde que se nace. Por ello, pensamos que nuestros adolescentes y jóvenes tienen que aprender el valor del esfuerzo desde pequeñitos exigiendo de ellos responsabilidades y obligaciones en función de su edad. Vamos a tratar de profundizar sobre el esfuerzo en un intento de que nos sirva para obtener medidas que nos ayuden para la educación de los hijos e hijas.

Esfuerzo: voluntad y motivación

Para profundizar en el esfuerzo tenemos que analizar los conceptos de voluntad y de motivación. La voluntad se define como la intención o el ánimo de hacer algo por uno mismo, sin impulso externo que obligue a ello. Y la motivación como el motivo o la causa para realizar una acción. En torno a la voluntad podemos señalar una constelación de cualidades o hábitos que bien desarrollados contribuyen a su desarrollo y fortaleza. Estos seis se consideran claves:
Hábitos para el trabajo escolar: entrenamiento y automatización de los procedimientos imprescindibles para abordar los aprendizajes escolares.
- Responsabilidad para asumir sus obligaciones y el resultado de sus acciones.
- Disciplina para cumplir con las normas establecidas por la familia y por la colectividad.
- Respeto a la autoridad de padres y de profesores así como aprender a tolerar la frustración.
- Exigencia consigo mismo para hacer las tareas bien, tener sentido del deber y aprender a planificarse para afrontar los retos y desafíos importantes.
- Dominio de sí mismo, control del mal humor, de la impaciencia, de los impulsos; aprender a ser constante y a saber esperar para obtener una recompensa a largo plazo.
La motivación proporciona una dirección al esfuerzo. Estar motivado significa tener una causa o un motivo para actuar. Los motivos pueden residir en el interior de las personas (es algo interno lo que impulsa a actuar), como por ejemplo las ganas de saber más; o pueden ser externos, por ejemplo sacar una buena nota o no fracasar. Los motivos que un estudiante tiene para efectuar un esfuerzo son variados y dependen de la experiencia vivida como alumnos o alumnas en el sistema educativo y de su ámbito socio-familiar. Hay estudiantes orientados al éxito que se esfuerzan por conseguir las mejores notas; otros lo hacen para no fracasar, por miedo a obtener un suspenso o también suprimen el miedo al fracaso evitando el esfuerzo.

AUTORIDAD Y OBEDIENCIA, CADA COSA EN SU SITIO.

En ocasiones, algunos estudiantes se muestran ofendidos ante el profesorado y le espetan: “Pero tú quién eres para mandarme a mí”, y a veces prosiguen diciendo “A mí no me mandan ni mis padres…”. En estas situaciones llegamos a un momento de colapso educativo. ¿Qué se puede hacer después de esto? ¿Quién y cómo le puede hacer comprender a este chico o chica que está equivocado?
Esta situación es reflejo de la falta de autoridad que existe en algunas familias en las que no se sabe quién “manda”. Cuando eso ocurre mandan los niños y, no habría nada que objetar, si tuviésemos claro que ellos y ellas tienen la madurez suficiente para tomar “buenas decisiones” y para actuar de forma conveniente. Lo que sabemos es que no siempre es así, más aún, la mayoría no tienen aún como referente de sus actos lo que deben hacer sino lo que desean hacer. Por consiguiente, hay que tener claro que quiénes mandan en la familia deben ser los padres y en la escuela el profesorado. Y esto las personas adultas deberíamos explicárselo muy bien a nuestros adolescentes y jóvenes. Sin aceptar la autoridad educativa del profesorado o de los padres será muy difícil que los niños, niñas y adolescentes aprendan conocimientos y sean personas educadas. Aunque sin confundir autoridad con autoritarismo ni obediencia con sumisión. Cada cosa en su sitio.
Fuente:entrepasillosyaulas.blogspot.com/